Viajaba en aquel coche rumbo al sur, kilómetros y kilómetros de carretera siempre firme, sin alteraciones. Pegada a la ventanilla trasera derecha, el sol se filtra por el cristal. Sus ojos fijos en los árboles que bordean la carretera, sin verlos. La música en la radio, como siempre. Pero esta vez no la escucha, no sabe si suena Bunbury o es Extremoduro. Ni siquiera se ha dado cuenta de que donde antes había árboles, ahora sólo hay extensos y dorados campos de trigo. No se ha dado cuenta de que el sol ya no se filtra por la ventanilla, pues ahora gruesas gotas de lluvia resbalan por el cristal.
Y es que su mente está en otro lugar, muy lejos de esa larga carretera. Su mente viaja a otra velocidad, viaja por el aire, bajo el suelo, salta de gota en gota de agua.
Y cuando a su mente le falta combustible, a él le roba un beso, y recupera el aliento.
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