domingo, 17 de marzo de 2013

A mi piano.

A veces no sé qué decir. O cómo decirlo. Entonces él habla por mí. No me gusta llorar, los ojos se me encharcan, se ponen rojos y brillan, y mi cara se vuelve grotesca. Pero él sabe llorar con elegancia. Llora por mí. Y no grito, porque no es propio de una señorita. Él grita por mí. Y se enfada. Insulta, golpea. Yo no sé decir te quiero. Pero él sí sabe. Sabe decirlo de forma que se entienda, que yo lo entienda. Y lo dice, lo dice por mí. Y sí, lo sé, soy borde, soy arisca. Pero él no, él es dulce, él sabe entender. Él sí sabe dejarse querer. Sólo tú entiendes los porqués. Y ya no sé vivir sin ti. Y no quiero aprender nunca.

15 de febrero. Y es que siempre fui rebelde en cuanto a fechas.

Hemos llegado a veces a pensar que por querer mucho a alguien el resto no importaba. Hemos sido tan estúpidos de esconder los problemas tras palabras de amor. Hemos mirado hacia adelante siempre desde los pliegues de una cama ya revuelta, desde donde todo parece mucho más fácil. Hemos tomado las decisiones importantes siempre en los brazos del otro, en el refugio. Hemos olvidado todo al primer gesto. Nos hemos ido matando poco a poco, cuando lo que tal vez deberíamos matar es este amor imposible, imposible para los dos. Y de fondo suena un piano que se lleva mis palabras, que dice que aunque imposible, sigue siendo amor.