Tu mirada me atraviesa
siempre,
me lees entera.
Conoces el por qué
de los vuelcos
de mi corazón.
Sabes mi sonrisa
y cuando desaparece.
Tú eres
mi lector
siempre fiel.
Has visto
todo.
Vuelves
sólo a veces
si ves
que el alma
ya
no avanza sola.
Otras
la estiras,
hasta que se rompe
en mil pedazos
de líquido cristal.
El por qué,
yo no lo entiendo.
Sólo se me ocurre
que tú
eres tan débil
como yo.
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